A gozar a gozar, que la nieve va a llegar


El año en que llegó Tati el invierno sí fue sabroso, dice Irene Amaro, una habanera que vive en Louisville, Kentucky desde hace 12 años, cuando vino detrás de su hija mayor y dos de sus nietos. Al llegar, la curiosidad le mataba por ver aquello que los cubanos tanto anhelamos mientras el calor nos derretía en el Caribe: la nieve.

“Una mañana cuando me levanto para llevar a los muchachos a la escuela, –dice–, me llama la niña: Abuela, abuela, asómate por la ventana… Desde el piso hasta la misma ventana había nieve. ¿Cómo íbamos a salir de allí?”

Unos años después llegó su otra hija y como si fueran cosas del destino, otra nevada de espanto les esperaba. “Fíjate si cayó que se fue la luz cuatro días. Tú sentías cómo la nieve rodaba por el techo, pero uno se adapta.”

Se acostumbra uno tanto que la hija mayor las arrastró a todas a una discoteca para escapar del apagón, se montó en sus tacones y el patinazo fue memorable. Simplemente se levantó como si caminara por la alfombra roja y con toda la elegancia del mundo siguió para su rumba.

Casi una década después no han regresado nevadas tan abrumadoras a la ciudad mayor de Kentucky, en el centro oeste de los Estados Unidos. Una región llana, atravesada por el río Ohio y un sinnúmero de afluentes. Sin embargo, este año pudiera marcar la diferencia.

Mientras la costa este del país fue azotada por un ciclón bomba invernal que dejó muertes y destrucción, y un par de semanas atrás incluso en Florida las calles se cubrían de blanco, Louisville permanecía a salvo. Un sol brillante engañaría a cualquiera que se asomara por la ventana, apenas se abría la puerta y el golpe de frío se estampaba en el rostro como una bofetada.

Expertos afirman que marcó un récord en días consecutivos por debajo de la temperatura de congelación, (casi un mes sin interrupción). El fin de semana último las temperaturas de 10 grados Celcius se sentían “tropicales” y guantes, bufandas y gorros permanecieron sobre el sofá o en el asiento trasero del carro.

Más frío para el sur de EEUU

Este viernes los cubanos que sintieran algún tipo de nostalgia masoquista por los partes del Doctor José Rubiera deben haber vivido un deja vú: los medios de prensa despertaron con una conferencia de prensa del alcalde Greg Fischer al abrir el Centro de Coordinación de Servicios Públicos, el sitio desde donde se coordinarán las acciones para mitigar los efectos de una tormenta de hielo que se espera azote el centro del estado.

Desde el día anterior se disparó la alarma y la emergencia provocó la suspensión de clases y servicios fúnebres; la administración de carreteras ofreció mantenimientos extras a las vías y comenzaron a tirar sal a diestra y siniestra. Y nosotros, tan mal que veíamos semejante “salación”, tardamos siglos en comprender que así derriten el hielo, justamente, el mayor temor en estos días invernales.

Foto: Yosvany Albelo Sandarán.

Fisher, en inglés y español, instó a sus conciudadanos a permanecer en casa a menos que el trabajo o una emergencia exigieran lo contrario. Pidió tener a mano un kit de primeros auxilios, y cuidarse del “black ice”, esa pesadilla que hace patinar los carros y provoca buena parte de los accidentes en esta época del año. “Quiero agradecer a todos en la ciudad por trabajar juntos durante esta tormenta. No sabemos lo que va a pasar pero queremos estar listos”.

Por su parte, el Capitán de Bomberos Salvador Menéndez, presente en la conferencia, recordó algunos de los consejos habituales: usar varias capas de ropa, no estar fuera por mucho tiempo, entrar las mascotas y chequear a las personas de la tercera edad.

Evitar el uso excesivo de calefactores portátiles ante el peligro de incendio y mantener afuera los generadores están entre los alertas en letras rojas por las muertes que ocasionaron el uso indebido de estos artefactos en 2009, por incendios o asfixia.

Y un servidor, instalado en la comodidad del apartamento, negado a coger calle con semejantes truenos, escribe estas líneas mientras cocina un arroz con todo tipo de carnes, vodka con naranja a mano, Ed Sheeran y Andrea Bocelli cantando a dúo Perfect Symphony, y con el teléfono y las redes sociales para hacer las indagaciones. Que hoy no estamos para ciclones ni coberturas heroicas.

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