Día 1: Lo que Putin soñó


Hay que hacer un trámite antes de ver rodar la pelota en cada Mundial: atravesar una fiestecita de rigor. Las fiestas de inauguración de los mundiales de fútbol dejan en claro que este deporte no tiene nada de Super Bowl.

Si en el super tazón del fútbol americano todos esperan el espectáculo de medio tiempo, en los mundiales de fútbol las fiestas de inauguración, los shows y todo lo que no es un balón rodando, son episodios que todo el mundo espera que acaben pronto para que llegue la pelota. Ayer miércoles Plácido Domingo cantó en la Plaza Roja y hoy Robbie Williams y Aida Garifullina le hicieron pasar un buen rato a las casi 80 mil personas que consiguieron un boleto para estar en el Estadio Luzhniki de Moscú. Mucho color, harashó. Putin dio la bienvenida en un discurso breve: “A todos nos une la pasión por el fútbol”, dijo y no mucho más. Infantino, presidente de la FIFA, abrió la fiesta con otro discurso, más breve aún.

Vamos a lo importante. Antes los campeones del torneo anterior abrían los mundiales, pero desde 2006 lo hace el dueño de casa y eso le quita un poco de jerarquía cuando el que organiza no es un grande, como si el torneo comenzara en fade in. Como sea, con el silbato inicial el árbitro argentino Néstor Pitana nos hizo entrar en un trance que durará un mes.

Rusia-Arabia Saudita

Dos rivales por el petróleo del mundo abrieron la nueva edición de la Copa Mundial de la FIFA 2018. Claro que no estaba en juego ningún barril, sino puntos valiosos de cara a la clasificación a la segunda ronda.

Arabia Saudita resistió poco. Apenas 12 minutos hicieron falta para ver el primer gol de la Copa. Yury Aleksandrovich (el hijo de Alexandro, en ruso) Gazinsky cabeceó sin marca en el corazón del área saudí. El técnico argentino-español de los árabes, Juan Antonio Pizzi, les pidió a sus jugadores defenderse con la pelota: conservar la posesión todo lo posible, no errar pases y avanzar con paciencia esperando algún error del rival. Un equipo prolijo pero nada profundo. La Rusia de Stanislav Salamovich (el hijo de Salamov) Cherchesov propuso ir para adelante como fuera, un equipo inclinado hacia el arco de Al-Maiouf.

El ruso Yuri Gazinsky (izquierda) celebra tras anotar el primer gol de Rusia en el partido contra Arabia Saudita hoy. Foto: Víctor Caivano / AP.

El segundo gol, del volante del Villareal de España Denis Cheryshev, era algo que venía decantando durante todo el primer tiempo. Llegó sobre el final de la primera etapa. Cheryshev había entrado a los 24 minutos por el jugador del CSKA de Moscú que se probó en el Real Madrid y no quedó: Alan Dzagoev. Es la primera vez que un suplente anota en el partido inaugural.

Rusia se fue al descanso 2-0 arriba, no se daba un marcador así al final del primer tiempo de un primer partido de Mundial desde Italia 1934.

El tercer gol vino en la cabeza del segundo suplente en la historia en marcar en un partido inaugural: Artem Dzyuba. Había entrado a los 70 minutos por el canoso Smolov. Era la tercera vez que tocaba la pelota en el juego. Cabeceó como quiso desde el punto del penal y sentenció formalmente lo que por el desarrollo del juego ya era obvio. En la tribuna, Mohammed Bin Salman, Gianni Infantino y Vladimir Putin se dieron la mano y se encogieron de hombros: estaba sucediendo algo inevitable.

El cuarto gol llegó en el descuento. ¡Otra vez Cheryshev! Su tercer tiro al arco, su segundo gol. Para demostrar que, para anotar, Rusia solo debía acertar entre los tres palos, como si no hubiera portero. Dos minutos después, el disparo de Golovin de tiro libre lo confirmó.

Uruguay y Egipto se frotan las manos pensando en Arabia. En caso de igualar en puntos al final de la primera fase con uruguayos o egipcios, los rusos se llevaron un buen plus con la diferencia de gol.

Mientras Arabia llega a Rusia para hacer lo posible, Rusia juega su mundial  intentando lo imposible. Como anfitrión está obligado a hacer un buen papel, pero su plantel de jugadores está para menos que eso. Realmente necesitan del jugador número 12, la afición, que la localía incline la balanza.

Su objetivo es pasar la primera ronda, luego, probablemente, tocará Portugal o España y todos entenderán la eliminación en Octavos de Final a manos de un candidato. Pero si la Selección de Putin queda fuera antes será un fracaso. Sería como organizar la fiesta para irse a dormir temprano. Si es angustiante a escala individual, qué se dirá a nivel país-más-grande-del-mundo.

Por ahora Rusia parece fuerte, aunque no se sabe si es realmente así o solo parece, en contraste con su primer contrincante. Este 5-0 servirá para compensar aunque sea un poco cualquier fracaso por venir. Y hasta quizás sirva para envalentonar a los rusos y hacerlos llegar más allá de sus posibilidades.

Arabia Saudita es uno de los países cuyo éxito ya es haber llegado, una vez más, a fase final: haber superado las eliminatorias. No pasar ningún papelazo será suficiente para volver a Riad tranquilos. Comenzaron fracasando.

Duelo de conservadores

No fue un partido de naciones muy liberales. En Rusia está vigente una ley que despenaliza la violencia intrafamiliar y los organismos de Derechos Humanos se cansan de recibir denuncias de casos donde se limita la libertad de reunión, asociación, expresión y religión, sin hablar de la “Ley contra la propaganda homosexual” o los episodios de tortura contra la Comunidad LGBTI en Chechenia.  

Arabia Saudita está tan atrasada en materia de derechos que la lucha de las mujeres es por poder conducir un automóvil. Sin autorización de su marido, tutor o mahram (guardián) las mujeres no pueden abrir una cuenta bancaria, ni hablar a otros hombres, ni practicar deportes, ni probarse la ropa si van de compras, mucho menos entrar en un cementerio, entre otras restricciones.

Aunque no es probable, por la jerarquía de sus equipos, técnicamente Arabia Saudita, el país que custodia la Meca, el centro del mundo sunnita puede cruzarse en segunda ronda con Irán, su gran rival no solo por ser chiitas sino también en materia petrolera y geopolítica en Oriente Medio. Pero el fútbol impone otra lógica y esos gigantes en la política, aquí son los más débiles. El de la pelota es un globo diferente, donde Estados Unidos, como en este Mundial, puede quedar fuera.

Ya empezó a rodar la pelota. Un evento que no le cambia la vida a nadie, salvo a Putin, pero se la alegra temporalmente a millones: un acontecimiento signo, como diría Immanuel Kant, de esos cuya onda expansiva es tan potente que ordena la vida de los que no participan directamente de él. Al menos por un mes.

 

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