Bruguera estremece el Museo de Arte Moderno de Nueva York con el horror de La Cabaña


Entrar a la instalación, “Sin título, Habana 2000,” de la artista cubana, Tania Bruguera, es como entrar en una casa embrujada: oscura, solo iluminada parcialmente por una pequeña pantalla que muestra imágenes en blanco y negro de Fidel Castro.

A lo largo de un túnel en penumbras, una capa de azúcar fermentada emite un olor penetrante, agridulce y los pasos de los visitantes sobre el bagazo rompen el silencio insoportable.

Cuatro personas desnudas apenas se detectan debido al efecto lumínico de la ambientación. El montaje escenográfico semeja el interior de la Fortaleza de La Cabaña, testigo del cautiverio político, las torturas y los asesinatos extrajudiciales de decenas de opositores a la Revolución castrista durante la década de los 60.

“Para mí no es una provocación. Para mí es un documento histórico de un artista. Para mí, es una obra que trata de retratar un momento específico que desgraciadamente todavía existe, que esperamos en un futuro no exista más, hay artistas que han trabajado momentos de la historia, muy específicos, que con el tiempo, se convierten en un recordatorio de lo que no se debe hacer; un recordatorio de las barbaridades, las atrocidades que pudieron existir en ciertos momentos”, explica la artista cubana.

La obra hizo su debut estadounidense en el Museo de Arte Moderno (MoMa) de Nueva York, a principios de febrero de 2018, casi dos décadas después de ser excluida de la Séptima Bienal de La Habana, en 2000, por incluir hombres desnudos, junto a cortos de fusilados por la revolución castrista.

La instalación de Bruguera para la Bienal de La Habana en 2000 se montó precisamente en La Cabaña, ubicada en la entrada del puerto habanero. La artista afirmó que la misma fue censurada y desmontada por las instituciones culturales del régimen, no por los cuerpos desnudos sino por el mensaje de la obra y la connotación de presentarla en el mismo sitios donde se fusilaron a decenas de prisioneros de conciencia.

“La idea era mostrar precisamente cómo funciona, desde dos cuerpos diferentes, la idea de la vulnerabilidad y cómo el poder, la gente que está en el poder, trabaja y manipula la idea de la vulnerabilidad. Pero como los cuerpos de esa gente que está invisible, esa gente que no se ve, son verdaderamente vulnerables, los que no tienen voz, o los que no tienen oportunidad de ser vistos”.

Según la fundadora del Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), conocida por sus “performances” y por su activismo político y social, la obra “sale de una experiencia muy específica, contada desde el punto de vista de los que fueron testigos”.

El MoMa, que adquirió la instalación en 2015, la exhibirá hasta el 11 de marzo de este 2018. La artista colaboró con el curador de la obra a fin de mantener en el tiempo la vigencia de la misma, preservar el sentimiento de censura, viviendo la experiencia de ese hombre que sin haber pasado por un juicio político fue encarcelado, sometido a vejámenes psicológicos, torturado y en muchos casos, bajo el grito de “Viva Cristo Rey” fusilado. El objetivo de este “performance” es ese, que dentro de 10, 20, 30, o 60 años quienes visiten la instalación, se “psico-transporten” al sufrimiento de esos miles de cubanos que ya no estarán vivos para contarlo.

“Parte de lo que estamos haciendo es tratar de crear un contexto para la obra, un contexto donde lo político no se quite sino que se incremente, donde se entienda que lo político en Cuba muchas veces viene de lo emocional. Y entonces son cosas que hemos trabajado y creo que en verdad ha salido bien.”

Para presenciar la obra, el público debe hacer fila, esa “cola” que es parte del diario vivir de los cubanos en la Isla y que ahora, además, “involucra el sentido de la espera, de la desproporción del sacrificio, necesario para obtener algo como puede ser el pan de cada día”, según explicó la artista.

Bruguera, merecedora de numerosas distinciones entre ellas la Beca de la Guggenheim Foundation en Arte para América Latina y el Caribe en 1998 y en 2015 recibió el prestigioso Premio Herp Alpert Foundation, en California, desea que con su obra el público entienda el peligro que representa dejarle a los políticos carismáticos la responsabilidad del desarrollo de las sociedades y las consecuencias de definir las complejidades sociales en categorías tan simples como bueno o malo.

Bruguera, quien en 2015 devolvió la Distinción por la Cultura Nacional y renunció a la membresía de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, critica la política cultural del régimen cubano “porque no puede existir un país floreciente, no puede existir un país donde las cosas vayan bien, si las personas no pueden ser honestas. Y los artistas, para hacer una obra, tienen que ser honestos.”

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