Definir es cenizar. La fe poética de Roly Ávalos Díaz


Acaba de publicar su poemario unigénito Mundo Pañuelo. La escritura no es, sin embargo, la única vertiente de su creación. Como joven artista, trae una efervescencia que es estribo de su universo innovador. Rolando (Roly) Ávalos Díaz (La Habana, 1988) es también narrador, repentista, corrector, editor y miembro del grupo poético-musical Los Pimienta, por todas estas destrezas es conocido en el pathos literario y del espectáculo en la Isla.

Aunque ha recibido importantes lauros de poesía a nivel internacional, su obra como poeta no ha sido recibida por ninguna casa editorial cubana. Pero esto no amedrenta el empuje de su quehacer escritural: «Quiero publicar en Cuba. Sé que algún día lo lograré», esto asegura un autor que, contra toda adversidad, apuesta por la fe y el empeño para alcanzar sus metas.

Mundo Pañuelo es el título de tu cuaderno unigénito, el cual ha encontrado sitio en la editorial española Guantanamera. ¿Qué ha traído este suceso, en valores literarios, a un autor emergente como tú?

Lo positivo de este suceso ha sido (en primer lugar y sobre todo), la propia publicación, que hizo posible decirle adiós a la ya incómoda condición de escritor inédito, y mi entrada como autor en el mundo editorial. No es el primer poemario que he escrito, debe ser el sexto u octavo, o una muy rigurosa antología de los textos poéticos nacidos durante una etapa. Traté de resumir un universo, caí en la tentación de lo imposible. No sé si lo logré. Si por valores literarios te refieres a sus atributos, creo que no es a mí a quien le toca publicitarlos. Aspiro a la variopinta opinión de los críticos y lectores del libro. Si te refieres a la repercusión en nuestra república letrada, pues ha sido leve, discreta, casi inexistente, porque, como sabes, la distribución se limita al sistema de compras por plataformas digitales. Sin embargo, ya han escrito dos reseñas, se han replicado varios de sus poemas en disímiles sitios, además de que he dado a conocerlo cada vez que me han invitado a una lectura. Ya eso es algo. Tengo el firme propósito de editarlo en Cuba, para poder, incluso, regalarlo sin reservas.

Descubro en tus versos un diálogo manifiesto con la ciudad, los ancestros, el amor…

Me obsesionan varios símbolos y ciertos temas. Además de la intimidad familiar: ancestros, padres, abuelos… y los inevitables estadios del amor, pienso en la ciudad como universo, aldea, pañuelo, casa, círculo de tiza, geografía espiritual, bosque de hormigón. Además de que hay periodos en que residimos en las antípodas de la naturaleza. Muchas veces naturaleza muerta, casi siempre un accidente circunstancial. Me interesa escudriñar la infinita pequeñez de nuestra condición humana dentro de las estructuras sociales, políticas y arquitectónicas. Me atrae estudiar la barbarie que podría contener el concepto de civilización. Armé Mundo pañuelo con poemas que hacían alusiones a destellos de la ciudad y a algunos de sus personajes, y estoy seguro de que no será la última vez que lo haga.

Siendo que en este libro mutas del verso libre a la décima, a la prosa poética, me lanzo a preguntar, ¿es el estilo escritural, la organicidad temática, una preocupante para el creador que eres?

Es una preocupante, por supuesto, de libro en libro. Considero que es muy compleja la anatomía de un poemario. Aparentemente deviene reunión arbitraria de textos más o menos unitarios, pero en el fondo tiene que ser más que eso y representar un cuerpo en sí mismo, un mundo donde no falte o sobre nada. Como en las buenas narraciones breves, por ejemplo. Ahora bien, me permito incluir en un mismo volumen poemas en versos libres y alguna que otra décima, prosa poética, soneto, en dependencia de las necesidades del conjunto, del aliento estilístico que pidan. Con estas formas o estrofas me direcciono hacia un mismo objetivo. Pruebo moldes, juego en serio, arriesgo. Oxigena cambiar de registros. Estoy adaptado a no censurarme, siempre que se dominen (vaya conjugación verbal pretenciosa) variadas versificaciones españolas. Que convivan o no en un mismo proyecto es discutible, pero relativo. Depende de la buena edición, de la oportuna elección. De ninguna manera tiene que ser una camisa de fuerza a priori, independientemente de que algún día me nazca un libro de sonetos, o un decimario que, como sabes, tengo.

Varios premios acreditan tu valía como decimista1. Más allá de eso, ¿conjeturas que la décima —como maniobra poética— goza de buena aceptación por parte del público lector? ¿Por qué esta afición hacia este tipo de verso?

En mi vida la décima siempre ha estado de alguna manera. Por herencia familiar, a través del repentismo, y de la literatura: los primeros libros de décimas que leí, que eran de mi tío materno Alexis Díaz-Pimienta, o por costumbre, carambola, vocación, preferencia. He sido educado con la estrofa nacional. La he leído y degustado, desde siempre, en otros autores de varias generaciones. La improviso, la escribo. Disfruto escucharla en controversias o a través de tonadas tradicionales (en las voces de los grandes improvisadores poéticos de Cuba y del mundo, antes y después de que la Unesco la declarara Patrimonio Cultural Inmaterial). Es parte inseparable en mis trabajos y mis días. Acepto encargos en octosílabos. Últimamente vivo en décimas. De ahí la afición.

De un tiempo a esta parte ha alcanzado mayor visibilidad en todos los sentidos, por las dos vías comunicativas: la oral y la escrita. Sospecho que la inmensa minoría de lectores que aceptan la décima ha crecido un tanto. Me consta que sus cultores se han multiplicado más. Aunque haya quien todavía la mire con prejuicios, o como el pariente pobre, o le parezca demodé. Para nada. Está viva y versando, abierta a técnicas, a rupturas, a sumarse al codiciado tren de la vanguardia. Por cierto, es curioso el modo en que le llamas maniobra poética a la décima. Pero principalmente es solo una estrofa. Cerrada, con métrica y rima, así de simple, para empezar. Una de las tantas posibilidades del idioma, de la creación poética, como el haiku, el soneto o la copla.

Histórico es el oficio y el calvario del decimista (palabra que parece peyorativa después de tantos debates enconados sobre la falta de promoción, y las opiniones encontradas en cuanto a las segregaciones en los concursos literarios); el decimista, decía, después de sobrevivir a preguntas al modo de: “¿Es poesía o décima?” merece y está consiguiendo mayor visibilidad; poco a poco toma la tierra sensible de un público lector o espectador más amplio. La mayoría de mis amigos poetas o narradores, por ejemplo, se me acerca con un intento de décima, o con asombrosas primeras décimas. Ya se han plantado varias semillas. Existen talleres de repentismo donde, si bien no todos los alumnos salen repentistas, algunos se decantan por la escritura. El público que asiste a espacios como Resistencia, espectáculo cambiante e itinerante, aunque casi siempre emplazado en el Ranchón de la Trova del Proyecto Cultural La Lucecita, cada día (mejor decir cada noche) es más heterogéneo, más distante aparentemente, incluso más joven.

Al margen de este cuaderno, tu obra puede encontrarse en diferentes medios digitales e impresos, en diversos países. ¿Por qué no has hallado espacio en alguna editorial cubana? ¿Lo atribuyes a cuestiones temáticas, elitistas, de calidad, azar, o alguna otra?

Respuesta sencilla: he concursado, pero no he ganado concursos nacionales cuyo galardón consista en la publicación, salvo el de este año, el Ala Décima, que imprime un plaquette y podrá adquirirse en febrero de 2019; he enviado manuscritos a un par de editoriales en par de ocasiones y he sido rechazado o desatendido; no he insistido demasiado, por dificultad, pereza, hartazgo, porque me resulta más o menos compleja la impresión de textos. ¿Cuántos originales y dos copias, sin impresora, hay que imprimir al año? O porque enviando por email he alcanzado algunos lauros internacionales que a lo mejor me han convertido en una especie de relativamente joven promesa misteriosa. Mala puntería o suerte, cuestiones de calidad o azar. Hay un señor llamado Dios y me temo que solo él lo sabe. Quiero publicar en Cuba. Sé que algún día lo lograré. Volveré a la carga este año.

En una reseña crítica del poeta y ensayista Virgilio López Lemus, publicada en el sitio web Cubaliteraria2, puede leerse en relación al autor de Mundo pañuelo: «Él tiene juventud delante, esperanza, tono asombrado, deseos de reflejar el mundo incluso aunque ello le ofrezca cierta superficialidad al libro todo. Habrá tiempo para aguas más profundas». ¿Qué opinas al respecto?

Es su opinión. Un libro debe defenderse por sí solo. Es cierto que me queda mucho por vivir, pulir, leer, aprender, reescribir, corregir, explorar mundos, distanciarme, perder la inocencia con matices. De igual modo la absoluta falta de inocencia no siempre produce buenos libros. Agradezco la reseña de un crítico como Virgilio López Lemus. Es su opinión crítica. Todo primer libro publicado (aunque, como ya dije, no es el primero) a partes iguales peca y acierta. Prefiero responder con un poema del libro: A través de una piedra de humo/ también a medio cincelar/mi rostro.

Tu trabajo como autor abarca no sólo la escritura, también la edición, el trabajo periodístico y el repentismo. ¿Cómo enfrentas el hecho de estar inmerso en varias actividades? ¿Es posible una correspondencia entre calidad y capacidad multidisciplinaria?

En general ha sido riquísima la experiencia de la alimentación mutua de varias manifestaciones, la aprehensión de muchos lenguajes, la consciencia de que no existen límites para la creación, la educación de la mirada en otras esferas, empleos; aprendes otros lenguajes y técnicas, te contaminas de inesperados mundos, personas y personajes, vivencias que de otro modo quizás no experimentarías y eso es muy importante para escritor… A veces lo digo en voz alta y no me lo creo. Trato de combinarlos, pero me encuentro dividido: orgullosamente caótico ahora mismo soy uno de los correctores en el periódico Trabajadores; el repentista que hace y canta (con mi madre) las décimas del Noticiero Cantado de la emisora Radio Rebelde, entre las cinco y cincuenta y las seis de la mañana, de lunes a sábado; uno de los editores y correctores de las editoriales Aurelia y Scripta Manent Ediciones; uno de los redactores y editorialista en décimas de Amano, revista de diseño y arquitectura, donde también he sido corrector de estilo; uno de los directores del proyecto poético-teatral-musical RolleX… en medio de todo ello intento ser poeta y narrador, a la vieja usanza, crear una obra sólida a la altura de los autores que admiro. Así que iré dimitiendo poco a poco de algunas de estas funciones porque quiero defender, a camisa quitada, un horario sagrado (aunque sea móvil) para la escritura. Lo más religiosamente posible. Suele ser complicado tener tantos trabajos, porque vivo en permanente riesgo de quedar mal, endeudarme laboralmente: trabajo en equipo, existen plazos de admisión y cada jefe me perdona con unas prórrogas hiperbólicas. Cada función exige demasiada energía, organización, tiempo, apoyo, equilibrio, descanso… Nadie tiene el don de la ubicuidad ni es una máquina. Lo enfrento como puedo, pero esto cambiará, necesariamente se reducirá. Me gustaría que siempre fuese con entusiasmo, objetivos claros y a un ritmo no-tan-trepidante.

Sobre la correspondencia entre capacidad y calidad, depende de cada cual. Existen ejemplos de creadores múltiples y descollantes. Genera el peligro de los altibajos, de la poca sustancia, de la desconcentración, pero son peligros que también debe enfrentar el creador de una sola área.

Coméntame —al menos brevemente— sobre el grupo poético-musical Los Pimienta y cuál rol asumes en él…

Lo componemos mi tío y mi madre, Alexis y Adriana Díaz-Pimienta; mis primos Axel y Alex Díaz Hernández (más conocido como Alex Díaz Jr.) y yo, como número 5, que es mi favorito. Tenemos montado un repertorio de «poemaciones» (poemas musicalizados y cantados), temas de la música campesina y canciones de autor, además de otros géneros; también improvisamos en la vertiente más tradicional, performances, etc. Menos interpretar puramente canciones participo en lo demás. Pero somos, más que todo, un proyecto, porque, por cuestiones geográficas, casi nunca coincidimos los cinco en un mismo suelo y juntos no hemos hecho demasiadas presentaciones. Una variante o solución contra las distancias ha sido el proyecto RolleX, un grupo que hemos creado mi primo Alex Díaz Jr. y yo, compuesto, además, por otros integrantes, donde le damos protagonismo al neorrepentismo, un término muy joven, acuñado por primera vez en el libro Teoría de la improvisación poética, también de Alexis Díaz-Pimienta, que consiste en fusionar la décima improvisada con otras artes, en escenarios urbanos, con un concepto más integral del espectáculo.

¿Cuáles escritores jóvenes decimistas del país llaman tu atención? ¿Qué valores encuentras en sus propuestas?

Sueño con que en el mundo entero (empezando por nuestro archipiélago) se conozcan, lean y reseñen más los decimarios escritos por poetas de mi generación. Me vienen a la mente los nombres de Elizabeth Reinosa, Alexander Jiménez del Toro, Liliana Rodríguez, Junior Fernández… Pero también hay que leer a los que no son de mi generación, como el ya citado Alexis, David Mitrani, Ronel González, José Luis Serrano, Diusmel Machado, Alexander Besú, Antonio Borrego, Pedro Péglez, por poner solo algunos ejemplos. Algo en común que une a estos autores es que incursionan también en otros géneros: la narrativa, la literatura infanto-juvenil, el ensayo, la investigación, etc. Hay un afán multidisciplinario en esta época. Considero que tienen una fuerza poética sucesivamente ignorada. Es una pena que no todos los críticos se acerquen y la degusten más. Es muy raro que todavía figure como un mundo casi desconocido en el establichment, en las revistas especializadas de élite y mayor alcance, o que se mire como un fenómeno ajeno. Estos decimistas han oxigenado la estrofa, la han moldeado, hace muchos años no es una estructura hermética, visualmente se ha experimentado muchísimo, se han logrado obras de una belleza y magnitud antes inimaginables. No exagero. Merecen la pena cualquiera de sus decimarios, la calidad es altísima, subyugante. Los recomiendo.

En un mundo donde el hombre intenta constantemente definir —para controlar— todo cuanto acontece a su alrededor, ¿qué es la poesía para Roly Ávalos Díaz?

Definir es cenizar, escribió alguna vez Lezama Lima. Ensayos, discursos, tratados teóricos se han escrito incansablemente a lo largo de los siglos y se han agotado los intentos de dar algún significado perdurable. Para mí la poesía es todo y sirve para todo, aunque acabe siempre en los papeles y los poetas tengamos fama de inútiles. La poesía es refugio, enigma, fuego, polvo, lluvia, rabia, sangre, esperanza. Eterniza sensaciones, fabrica recuerdos, salva la memoria, retrasa la muerte, alimenta reflexiones, desata sentimientos, emociones fuertes, le da color a cualquier idioma, hace nacer libros y crea en el lector una dimensión paralela que hace más habitable el mundo que conocemos.

Referencias:

1Premio (ex aequo) en el VIII Certamen Internacional de Décima Espinela Tuineje, Santa Cruz de Tenerife (2011). Premio Colateral del Grupo Ala Décima a un autor joven, en el V Concurso Nacional de Décima Escrita Toda luz y toda mía 2017, Premio Ala Décima 2018, entre otros.

2Cfr. Atento a Roly Ávalos, por Virgilio López Lemus, 24 de octubre de 2017. Cubaliteraria (http://www.cubaliteraria.com/articuloc.php?idarticulo=20782&idcolumna=40)

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