Fiesta censurada | Letra joven


Por Nemo (Tomado de Alma Mater)

—¿Por qué tú haces así con el dedo? Hace rato te veo…, espera…, ¿eso es lo que yo creo que es? —dijo la recién llegada.

—Claro, ¿qué pensabas que era?

—Niña, ¡qué asquerosa!, eso no se hace.

—Esta es mi casa, ¿no?— dijo la otra en tono defensivo.

—Es verdad. Yo también lo hago. Además, te lo decía porque a mí lo que me genera es curiosidad, ¿para qué le das tantas vueltas?

—Para que se ponga duro.

Ahí metí la cuchareta en respuesta de apoyo a la última pregunta:

—A ver, si no haces una pelotica, se te queda pegado en el dedo y entonces no tendrías otra opción que hacer lo que todo el mundo critica: pegarlo en el suelo, en una pared o en el piso.

Dije, pero acto seguido me percaté de que aquella conversación, entre mujeres, no era muy común que digamos. De hecho, recuerdo miles de escenas en que las chicas nos critican cuando lo hacemos en público. ¿En qué norma está escrito que eso es algo clandestino? ¿O exclusivo de los hombres? Les comparto entonces algunas ideas muy personales.

Imagino que en algún momento de la historia fue un delito estornudar, soplarse la nariz en público, entre otras. Pero, norma social al fin, evoluciona, cambia, se adecua, tiene matices.

Nuestros antepasados no tenían problemas con eso; imagino al jerarca de la tribu, rodeado de su gente, deleitándolos a todos con su habilidad en la búsqueda nasal. Los niños, por ejemplo, que son la generación más feliz, hasta se los comen y ninguno, que yo sepa, ha muerto de indigestión.

Somos nosotros quienes, en nombre de la sacrosanta cultura, hemos dictado que:

1) No se puede hacer en lugares públicos: restaurantes, oficinas, guaguas, parques, mientras caminas de regreso del trabajo a tu casa, etc.

2) Hay horarios y frecuencias para eso: en la mañana, en la noche, mientras te duchas o tienes otros rituales higiénicos; y, recomendablemente, una sola vez al día.

3) El lugar indicado es el baño… para que se vayan con el agua, supongo.

Como mismo la sociedad dicta esto, otros y otras recomiendan que:

1) Con las uñas largas el proceso es más efectivo.

2) Las temperaturas frías los endurecen.

3) Una cavidad primero, y la otra después, para disfrutar el proceso.

4) Los intrincados suponen un reto; una vez lograda la meta hay mayor satisfacción.

5) La diversidad está garantizada en tamaño, textura, color y composición.

6) No se debe abusar pues los granitos y las postillas suelen ser muy incómodas.

Claro, siempre hay quien se ríe de eso. Los Mojinos Escozíos, por ejemplo, le dedican una canción en la que aluden a los lugares de destino que tiene un niño que incursione en semejante práctica: recomiendan desde pegarlo debajo del zapato hasta dárselo de comer a un gato.

He visto, en preuniversitarios, a jóvenes que mezclan los suyos con la comida de alguna muchacha para que, asqueada, deje su manjar y este sea disfrutado por el piquete varonil.

En el argot adolescente en Cuba, puede que cuando alguien mencione un «mocongo», no sé esté refiriendo a la dignidad más alta en los de Efik—Efiméremo Mocongo Obón.

Incluso, en mi barrio se han suscitado diálogos que, aparentemente, no tienen nada que ver con nada.

—Asere, ¡¿tienes fiesta?! —dice el primero, en tono de burla.

—Sí, y estoy sacando a tu madre que no tiene invitación —responde el segundo para salvar su areté.

Una última cosa. Entre los que evaden la censura se establece cierta complicidad. Estás en una casa y sientes que, aunque está mal, debes sacarlo de ahí. Esperas el momento en que nadie te mira, introduces el dedo rápido en tu nariz, llevas la mano hacia debajo del brazo del sofá o el butacón y entonces… ¡sorpresa! Descubres que en esa casa vive un camarada al que también le gusta la fiesta.

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