La juventud que queremos


Santiago de Cuba, 11 ago. – Este sábado 12 de agosto el mundo entero celebrará el Día Internacional de la Juventud, para promover una mayor toma de conciencia sobre las necesidades de los jóvenes y el papel que deben desempeñar como continuidad de cada sociedad.

Las Naciones Unidas los definen como personas de entre 15 y 24 años; aunque en nuestro país la edad se extiende hasta los 35… y a todo el que con algunos añitos más, se sienta joven por dentro. Los jóvenes somos personas privilegiadas porque estamos viviendo los mejores años de nuestras vidas, por eso hay que disfrutarlos al máximo con responsabilidad, para después no añorar el tiempo perdido. Aquellos que por su edad y experiencia ya han pasado por esta fase, sienten nostalgia por un período que no se olvida jamás… y que no regresa.

Ser joven en cualquier parte del mundo es sinónimo de ser rebelde y revolucionario, con ansias de cambiar lo que no parece correcto, defender los valores en los que se cree, y luchar por metas y sueños. Han sido los jóvenes, en las diferentes épocas y en todos los países, valientes protagonistas de las mayores transformaciones sociales y políticas; y al mismo tiempo, las principales víctimas de las más grandes injusticias. Hoy sigue siendo la juventud la abanderada de las causas más nobles y dignas.

Los jóvenes no solo somos el futuro, también somos el presente. Nuestro planeta nunca ha sido tan joven, en él viven aproximadamente 1 800 millones de personas en este grupo etario: una de las generaciones más conectadas, francas y abiertas. Los jóvenes somos poderosos agentes de un cambio positivo, que es esencial para llevar adelante el mundo mejor al que aspiramos.

La juventud juega un papel decisivo en la sociedad actual. En todos los países los jóvenes son un recurso humano fundamental para promover el desarrollo, un cambio social positivo y la innovación tecnológica. Sus ideales, su energía y su visión, son esenciales para el perfeccionamiento continuo del planeta.

Nuestra sociedad necesita que cada joven tenga en sí mismo una gran confianza, un alto sentido de la responsabilidad, un alto nivel de preparación política; que viva la vida con gran entusiasmo y que trate de forjarse con carácter.
A nivel internacional gran parte de la juventud tiene acceso limitado a los recursos, a la atención de la salud, la educación, la capacitación, el empleo y las oportunidades económicas, y está muy expuesta a problemas como la pobreza y el desempleo.

En Cuba no ocurre lo mismo y se trabaja para fortalecer la participación de la juventud en los procesos de adopción de decisiones como un medio para alcanzar la paz y el desarrollo. Los jóvenes en nuestro país somos capaces de dar solución a nuestros propios problemas mediante la participación.

Nuestra época no necesita de “jóvenes-sofá”; al contrario, se precisa de la creatividad y la acción de la juventud para construir tiempos nuevos. Ser joven no significa estar desconectado del pasado, porque para saber hacia dónde vamos es necesario estar claros de dónde venimos. Por eso tenemos que estar siempre muy bien preparados para enfrentar los retos de la sociedad actual.

En este sentido, uno de los principales desafíos de la juventud cubana de estos tiempos es en primer lugar, el de ser dignos continuadores de generación histórica de la Revolución, y para eso es imprescindible la superación personal.
Estar preparados para lo que sea, y no tener miedo a expresar cualquiera que sea nuestro criterio, es la mejor manera de participar activamente en la construcción del país socialista y sostenible que queremos. No podemos dejarnos engañar ni seducir por las nuevas tecnologías que enajenan, sino aprender a utilizarlas a favor de crear un mundo mejor, más sano y saludable para todos sus habitantes.

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