Obama alaba las protestas y alerta de que los valores de EE UU peligran


El republicano Trump ha transformado en diez días el papel del presidente de EE UU, e indirectamente el de los exmandatarios. Al abandonar el cargo, los presidentes solían retirarse a escribir y pintar, o se dedicaban a iniciativas filantrópicas. Raramente entraban en las discusiones políticas del día a día, y más raramente aún lo hacían para cuestionar a su sucesor.

El demócrata Obama ha decidido saltarse esta tradición que sí cumplió rigurosamente su predecesor, el republicano George W. Bush. El detonante ha sido la orden ejecutiva o decreto que Donald Trump firmó el viernes y que cierra temporalmente las fronteras a los refugiados e inmigrantes de países de mayoría musulmana. Decenas de miles de personas se concentraron durante el fin de semana en plazas y aeropuertos para protestar contra el decreto, cuestionado por su posible carácter discriminatorio e inconstitucional.

El comunicado, publicado por Kevin Lewis, un portavoz de Obama, es breve —contiene tres párrafos— y elegante —evita mencionar a Trump—, pero con cargas de profundidad sobre el nuevo presidente. Comienza diciendo, en tercera persona, que “el presidente Obama se siente alentado por el nivel de compromiso que ve en comunidades de todo el país”.

Las protestas contra el decreto de Trump no son las primeras desde que el 20 de enero juró el cargo. El 21, una multitud de mujeres protestó en Washington contra los comentarios machistas del presidente durante la campaña y en reclamo del respeto de los derechos de las mujeres, así como de las minorías y los inmigrantes.

Comparación falsa

“Todos los estadounidenses deben ser guardianes de la democracia, no solo durante las elecciones”, dice el comunicado del portavoz de Obama. “Los ciudadanos que ejercen su derecho constitucional de manifestarse, organizarse y hacer que sus voces sean oídas por los cargos electos es exactamente lo que esperamos ver cuando los valores americanos están en juego”. Durante la campaña y tras la elección del 8 de noviembre, Trump despreció a quienes se manifestaban contra él, y cuestionó sus motivos. Algo que ha seguido haciendo en sus primeros días en la Casa Blanca.

El comunicado termina rechazando por falsa la comparación, hecha por el propio Trump, de su decreto con medidas de la Administración de Obama para extremar el control de los refugiados procedentes de Irak durante unos meses en 2011. Y añade que “el presidente discrepa de la idea de discriminar a las personas por su fe o religión”, una acusación implícita a Trump de discriminar a los musulmanes con sus decretos.

Con este comunicado, su primera declaración pública desde que el 20 de enero abandonó la Casa Blanca, Obama lanza dos mensajes. Primero, que él está con los manifestantes ante Trump. Y segundo, que considera que la situación es suficientemente grave —los valores americanos “están en juego”, escribe su portavoz— como para merecer su intervención.

En su última rueda de prensa como presidente, el 18 de enero, Obama dijo que pretendía tomarse unos meses de retiro después de ocho años como presidente, pero que hablaría si veía amenazados los “valores centrales” de EE UU. Ese momento ha llegado más pronto de lo esperado.

 

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