Williams cae a los infiernos


Lance Stroll, piloto de la escudería Williams.
EFE

Pocos equipos de Fórmula 1 congregan más cariño a su alrededor que Williams. La escudería británica despierta simpatías generalizadas, no sólo por su historia (nueve títulos mundiales de constructores, 7 pilotos campeones del mundo distintos, 114 victorias de GP, 128 poles, 133 podios…), sino porque ha tenido a algunos de los pilotos más legendarios de este deporte: desde Alan Jones, pasando por Nigel Mansel, Alain Prost o Ayrton Senna, que murió al volante de un monoplaza del equipo británico. Por eso, ahora mismo, ver la situación que atraviesa el equipo suscita una lástima generalizada.

El novato Sergey Sirotkin y el novato de segundo año Lance Stroll están cuajando, de momento, una de las peores temporadas de la historia del equipo fundado por Sir Frank Williams en 1977. El ruso, que ya lleva años sobrevolando el paddock de la F1 sin cuajar, y el canadiense, cuyo mayor valor deportivo está en el dinero de su padre, no sólo no han puntuado en lo que va de año, sino que han dejado a Williams al fondo de la clasificación general.

Los resultados de lo que va de 2018 hablan por sí mismos: en Australia fueron penúltimo Stroll y no acabó Sirotkin; en Bahréin fueron 14º Stroll y 15º Sirotkin. En clasificación el rendimiento es aún peor. Stroll marcó el 14º tiempo en Melbourne, y ese es el mejor puesto de partida de la temporada. Tanto en Sakhir como en Shanghái, ambos corredores cayeron eliminados en la Q3.

De aquellos polvos, estos lodos

La precipitación a lo más hondo de la parrilla no es algo de la noche a la mañana. Desde hace años, Williams lleva una progresiva caída de rendimiento y resultados, con el consecuente problema económico. Es la pescadilla que se muerde la cola: el presupuesto de la escudería de Grove ha ido cayendo, con lo que los monoplazas han ido perdiendo competitividad, y la necesidad de poner a pilotos de pago de talento cuestionable se ha hecho imperiosa. Nombres como Pastor Maldonado, que llegó a la Fórmula 1 de la mano de PDVSA, la petrolera nacional venezolana, o el propio Stroll son sólo algunos ejemplos. Irónicamente, Maldonado es el último piloto que ganó con Williams, en el GP de España de 2012.

¿Causa o consecuencia? ¿Fue primero la falta de dinero o de resultados? Hay que remontarse a los años de asociación con BMW, a principios del presente siglo XXI, para ver a una Williams competitiva. Con Juan Pablo Montoya y Ralf Schumacher cuajaron actuaciones más que aceptables, con dos subcampeonatos de 2002 y 2003 en los años de gloria de la Ferrari de Michael Schumacher. Después, poco a poco, la debacle. Los años de Toyota como motorista, primero, y de Cosworth, después, metieron a Williams en un agujero negro del que no parece salir. Algún podio salpicado (Wurz en Canadá 2007, Rosberg en Australia 2008…) levantaban la ilusión de los aficionados, pero poco más: sabían que eran oasis en un inmenso desierto. La citada victoria de Maldonado en 2012, por ejemplo, no sólo fue el mejor resultado de ese año, sino la única vez que sus pilotos superaron el quinto puesto.

Asociarse con Mercedes en 2014 les acercó mucho a la parte alta. Los podios volvieron, y se convirtieron con permiso de Ferrari y Red Bull en la alternativa a los campeones del mundo. No hubo victorias, pero tanto Felipe Massa como Valtteri Bottas lograron podios. Precisamente la retirada fallida del brasileño en 2017 da buena muestra de la situación que atraviesan en Williams: tuvieron que convencerle de que no colgara los guantes para que pasara un año de mentor de Stroll, cuyo hito fue el tercer puesto del GP de Azerbaiyán. De nuevo, un oasis.

La labor de Claire Williams, hija del fundador, al frente del equipo está muy cuestionada dentro del paddock. La heredera del imperio no está siendo capaz de reverdecer las viejas glorias de su cada vez más anciano padre, postrado en una silla de ruedas desde los años 80, pero no por ello menos apasionado de las carreras. Claire decidió sacar a Williams a Bolsa, en un intento de atraer inversores accionistas, pero los resultados han resultado un fiasco. Ahora están más endeudados que nunca, los resultados cada vez son peores y no hay visos de que vaya a dar un salto hacia adelante. Ni siquiera la llegada de Paddy Lowe, uno de los ingenieros más respetados de la Fórmula 1, con experiencia en los mejores años de McLaren y recientemente en Mercedes han sido suficientes.

La única buena noticia que han recibido en los últimos meses los fans de Williams es la incorporación del querido Robert Kubica al equipo, en calidad de probador. La aportación económica del grupo empresarial ruso SMP para subir a Sirotkin pesó más que las ganas y los tiempos en los test del polaco. Pilotos mediocres, falta de presupuesto, un coche poco acertado… Williams atraviesa los años más duros de su historia y, lo peor, es que aún pueden caer más.

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